ES/SB 7.2.35

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Su Divina Gracia A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada


TEXTO 35

evaṁ vilapatīnāṁ vai
parigṛhya mṛtaṁ patim
anicchatīnāṁ nirhāram
arko 'staṁ sannyavartata


PALABRA POR PALABRA

evam—así; vilapatīnām—de las reinas que se lamentaban; vai—en verdad; parigṛhya—tomando sobre sus regazos; mṛtam—al muerto; patim—esposo; anicchatīnām—sin desear; nirhāram—llevar el cuerpo a la ceremonia funeraria; arkaḥ—el Sol; astam—a la posición del ocaso; sannyavartata—pasó.


TRADUCCIÓN

Había llegado el momento de la cremación del cuerpo, pero las reinas no permitían que se lo llevasen, y continuaban lamentándose por el cuerpo muerto, que sostenían en sus regazos. Para entonces, el Sol había completado su recorrido y se ocultaba por el oeste.


SIGNIFICADO

Según el sistema védico, cuando una persona muere durante el día, la costumbre es que sus ceremonias funerarias se celebren antes de que se ponga el Sol, tanto si va a ser quemada como enterrada; si muere de noche, el funeral debe haberse completado antes de que salga el Sol. Parece ser que las reinas continuaban lamentándose por el cuerpo muerto, aquel montón de materia, y no permitían que se lo llevasen para incinerarlo. Este ejemplo sirve para ilustrar lo fuerte que es el nudo de la ilusión entre las personas necias que identifican el cuerpo con el ser. Por lo general, a las mujeres se las considera poco inteligentes. Llevadas únicamente por la ignorancia, las reinas pensaban que aquel cadáver era su esposo, y que mientras tuviesen el cadáver con ellas de alguna forma, su esposo también estaría con ellas. Ese concepto del ser es ciertamente apropiado para go-khara, las vacas y los asnos. En la vida real hemos visto que a veces, cuando una vaca pierde su cría, el lechero la engaña poniéndole delante el cuerpo muerto del ternero. Así, la vaca, que de otra forma no permitiría que la ordeñasen, lame el cadáver del ternero y se deja ordeñar. Esto apoya la afirmación del śāstra que compara al hombre necio que está bajo la influencia del concepto corporal de la vida, con una vaca. Y no son solamente esos tontos los que identifican el cuerpo con el ser; también hemos visto a los discípulos de un falso yogī retener durante varios días el cadáver de su guru, pensando que se encontraba en estado de samādhi. Solo permitieron la incineración de su cuerpo cuando, por desdicha, los olores de la descomposición comenzaron a imponerse al poder yóguico. El concepto corporal de la vida es especialmente fuerte entre las personas necias, a quienes se compara con vacas y asnos. Hoy en día, los grandes científicos están tratando de congelar cuerpos muertos para que en el futuro, al descongelarlos, puedan volver a la vida. El episodio histórico que Hiraṇyakaśipu está narrando debe de haber ocurrido hace millones de años, ya que el propio Hiraṇyakaśipu —que estaba recordando un suceso que ya era historia— vivió hace millones de años. Así que ese episodio fue anterior a la vida de Hiraṇyakaśipu, pero la ignorancia propia del concepto corporal de la vida sigue siendo la misma, y no solo entre la gente corriente, sino incluso entre los científicos, que creen en la posibilidad de revivir cadáveres congelados. Parece ser que las reinas tenían miedo de morir con el cadáver de su esposo, y por eso no querían dejar que se lo llevasen para incinerarlo.