ES/SB 2.2.3


Su Divina Gracia A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada


TEXTO 3

ataḥ kavir nāmasu yāvad arthaḥ
syād apramatto vyavasāya-buddhiḥ
siddhe ’nyathārthe na yateta tatra
pariśramaṁ tatra samīkṣamāṇaḥ


PALABRA POR PALABRA

ataḥ—por esta razón; kaviḥ—la persona iluminada; nāmasu—de nombres únicamente; yāvat—mínima; arthaḥ—necesidad; syāt—debe ser; apramattaḥ—sin estar loco tras ellas; vyavasāya-buddhiḥ—con inteligencia fija; siddhe—para el éxito; anyathā—de lo contrario; arthe—por el bien de; na—nunca debe; yateta—esforzarse por; tatra—ahí; pariśramam—trabajando mucho; tatra—ahí; samīkṣamāṇaḥ—aquel que ve en la práctica.


TRADUCCIÓN

En razón de eso, mientras la persona iluminada se encuentra en el mundo de los nombres, debe esforzarse únicamente por satisfacer las necesidades básicas de la vida. Ella debe tener la inteligencia fija y nunca debe esforzarse por cosas poco recomendables, estando en capacidad de percibir en la práctica que toda esa clase de esfuerzos solo significan trabajar mucho para nada.


SIGNIFICADO

El bhāgavata-dharma, o el culto del Śrīmad-Bhāgavatam, es totalmente distinto de la senda de las actividades fruitivas, que los devotos consideran que solo son una pérdida de tiempo. Todo el universo, o, a decir verdad, toda la existencia material, sigue existiendo como jagat, con el solo fin de hacer planes para lograr una posición muy cómoda o segura, aunque todo el mundo ve que esta existencia no es ni cómoda ni segura, ni jamás podrá serlo en ninguna etapa de su desarrollo. Aquellos que están cautivados por el adelanto ilusorio de la civilización material (siguiendo la senda de la fantasmagoría), son sin duda unos locos. Toda la creación material es únicamente un malabarismo de nombres; en efecto, no es más que una engañosa creación de elementos tales como tierra, agua y fuego. Los edificios, los muebles, los automóviles, las cabañas, los molinos, las fábricas, las industrias, la paz, la guerra e incluso la máxima perfección de la ciencia material, es decir, la energía atómica y la electrónica, son tan solo nombres engañosos de elementos materiales junto con las reacciones de las tres modalidades que los acompañan. Como el devoto del Señor los conoce perfectamente bien, a él no le interesa crear cosas poco recomendables, para una situación que no es real en absoluto, sino que simplemente está hecha de nombres que no tienen más importancia que el murmullo de las olas del mar. Los grandes reyes, líderes y soldados pelean entre sí a fin de perpetuar sus nombres en la historia. En el transcurso del tiempo son olvidados, y abren paso a otra era en la historia. Pero el devoto se da cuenta de la medida en que la historia y los personajes históricos son productos inútiles del tiempo fluctuante. El trabajador fruitivo ambiciona tener una gran fortuna en lo que se refiere a riquezas, mujeres y adoración mundana, pero aquellos que están fijos en la realidad absoluta, no se interesan para nada en esas cosas falsas. Para ellos, todo eso es una pérdida de tiempo. Puesto que cada segundo de la vida humana es importante, un hombre iluminado debe tener sumo cuidado y utilizar el tiempo muy cautelosamente. Un segundo de la vida humana que se desperdicie en la vana búsqueda de planes que lleven a la felicidad en el mundo material, nunca puede reponerse, ni siquiera si se gastan millones de monedas de oro. Por lo tanto, al trascendentalista que desea liberarse de las garras de māyā, o de las actividades ilusorias de la vida, se le advierte aquí que no se deje cautivar por las apariencias externas de los actores fruitivos. La vida humana jamás tiene por objeto la complacencia de los sentidos, sino la autorrealización. El Śrīmad-Bhāgavatam nos instruye exclusivamente en esto desde el mismo principio hasta el fin. La vida humana tan solo está hecha para la autorrealización. La civilización que apunta a esa perfección suprema nunca se da a crear cosas poco recomendables, y una civilización así de perfecta prepara a los hombres a que acepten únicamente las cosas básicas que se necesitan en la vida, o a seguir el principio de sacar el mejor provecho a una mala compra. Nuestros cuerpos materiales y nuestras vidas en relación con ellos son malas compras, porque la entidad viviente es de hecho espíritu, y el adelanto espiritual de la entidad viviente es algo absolutamente necesario. La vida humana tiene por objeto que uno se llegue a percatar de este importante factor, y se debe actuar de conformidad con ello, aceptando únicamente las cosas básicas que se necesitan en la vida y dependiendo más de los dones de Dios, sin desviar la energía humana hacia ningún otro fin, tal como ocurre al estar loco por el disfrute material. El adelanto materialista de la civilización es para lo que se denomina «la civilización de los demonios», que en fin de cuentas termina en guerras y escasez. Al trascendentalista se le advierte aquí específicamente que tenga la mente fija, de modo que incluso si hay dificultades en lo que respecta a la vida sencilla y el pensamiento elevado, no ceda ni un centímetro en su rígida determinación. Para un trascendentalista, estar íntimamente relacionado con aquellos que viven en el mundo en aras de la complacencia de los sentidos, es una norma suicida, porque ello va a hacer que fracase en la consecución del máximo beneficio de la vida. Śukadeva Gosvāmī se reunió con Mahārāja Parīkṣit cuando este último sintió la necesidad de un encuentro como ese. Un trascendentalista tiene el deber de ayudar a las personas que desean la verdadera salvación, y de respaldar la causa de la salvación. Uno puede notar que Śukadeva Gosvāmī nunca se reunió con Mahārāja Parīkṣit mientras este se hallaba gobernando como un gran rey. La manera en que un trascendentalista debe llevar a cabo sus actividades, se explica en el siguiente śloka.