ES/SB 7.9: Prahlada apacigua al Señor Nrsimhadeva con oraciones

El Śrīmad-Bhāgavatam - Canto Séptimo - Capítulo 9: Prahlāda apacigua al Señor Nṛsiṁhadeva con oraciones


Capítulo 9 el resumen

Texto 7.9.1: El gran santo Nārada Muni continuó: Los semidioses, encabezados por el Señor Brahmā, el Señor Śiva y otros grandes semidioses, no se atrevían a acercarse al Señor, que en ese momento estaba tremendamente furioso.

Texto 7.9.2: Todos los semidioses allí presentes pidieron a Lakṣmījī, la diosa de la fortuna, que se adelantara para apaciguar al Señor, pues a ellos se lo impedía el temor. Pero ni siquiera ella se atrevió a hacerlo, pues nunca había visto una forma del Señor tan maravillosa y extraordinaria.

Texto 7.9.3: A continuación, el Señor Brahmā pidió a Prahlāda Mahārāja, que estaba de pie muy cerca de él: Mi querido hijo, el Señor Nṛsiṁhadeva está tremendamente enfadado con tu demoníaco padre. Por favor, ve y apacigua al Señor.

Texto 7.9.4: Nārada Muni continuó: ¡Oh, rey!, el glorioso devoto Prahlāda Mahārāja, aunque no era más que un niño, asintió a las palabras del Señor Brahmā. Avanzó lentamente hacia el Señor Nṛsiṁhadeva y se postró ante Él, ofreciéndole sus respetuosas reverencias con las manos juntas.

Texto 7.9.5: Cuando el Señor Nṛsiṁhadeva vio al pequeño Prahlāda Mahārāja postrado ante Sus pies de loto, sintió un gran éxtasis, lleno de afecto por Su devoto. Levantando a Prahlāda, el Señor puso Su mano de loto sobre la cabeza del niño, pues la mano del Señor siempre está pronta a liberar del temor a Sus devotos.

Texto 7.9.6: Por el contacto de la mano del Señor Nṛsiṁhadeva sobre su cabeza, Prahlāda Mahārāja se liberó por completo de todas las contaminaciones y deseos materiales, como si se hubiera limpiado con gran esmero. Debido a ello, alcanzó de inmediato la posición trascendental, y en su cuerpo se manifestaron todos los signos del éxtasis. Su corazón se llenó de amor, y sus ojos derramaban lágrimas; entonces pudo capturar por completo los pies de loto del Señor en lo más profundo de su corazón.

Texto 7.9.7: Prahlāda Mahārāja fijó la mente y la mirada en el Señor Nṛsiṁhadeva, con atención perfecta y en completo trance. Con la mente firmemente establecida y la voz temblorosa, comenzó a ofrecer oraciones llenas de amor.

Texto 7.9.8: Prahlāda Mahārāja oró: ¿Qué posibilidad tengo yo, que he nacido en una familia de asuras, de ofrecer oraciones adecuadas para satisfacer a la Suprema Personalidad de Dios? Ni siquiera los torrentes de palabras maravillosas que hasta ahora han pronunciado las personas santas y los semidioses, encabezados por el Señor Brahmā, han logrado satisfacerle; todas esas personas gozan de grandes cualidades, por influencia de la modalidad de la bondad. ¿Qué se puede decir de mí? Yo no estoy cualificado en absoluto.

Texto 7.9.9: Prahlāda Mahārāja continuó: Puede que poseamos riquezas, una familia aristocrática, belleza, austeridad, educación, habilidad sensorial, brillo, influencia, fuerza física, presteza, inteligencia y poder místico de yoga, pero creo que ni siquiera con todas esas cualidades podemos satisfacer a la Suprema Personalidad de Dios. Sin embargo, con servicio devocional sí Le podemos satisfacer. Así lo hizo Gajendra, y el Señor quedó satisfecho con Él.

Texto 7.9.10: Un brāhmaṇa puede estar dotado de las doce cualidades brahmínicas [que se explican en el libro titulado Sanat-sujāta], pero, si no es devoto y siente aversión por los pies de loto del Señor, ciertamente es inferior al devoto que, aunque nacido en una familia de comedores de perros, lo ha consagrado todo, es decir, la mente, las palabras, las actividades, las riquezas y la vida, al Señor Supremo. Ese devoto es mejor que el brāhmaṇa, porque puede purificar a toda su familia, mientras que el supuesto brāhmaṇa, absorto en el falso prestigio de su posición, no puede purificarse ni a sí mismo.

Texto 7.9.11: El Señor Supremo, la Suprema Personalidad de Dios, siempre está plenamente satisfecho en Sí mismo. Por eso, cuando se Le ofrece algo, esa ofrenda, por la misericordia del Señor, es para beneficio del devoto, pues el Señor no necesita del servicio de nadie. Para dar un ejemplo, si una cara está adornada, el reflejo de la cara en un espejo también lo estará.

Texto 7.9.12: Por esa razón, yo, a pesar de haber nacido en una familia demoníaca, puedo sin duda poner todo mi empeño en ofrecer oraciones al Señor, en la medida en que mi inteligencia me lo permita. Todo aquel a quien la ignorancia haya forzado a entrar en el mundo material puede purificarse de la vida material si ofrece oraciones al Señor y escucha cantar Sus glorias.

Texto 7.9.13: ¡Oh, mi Señor!, todos los semidioses, comenzando por el Señor Brahmā, son sirvientes sinceros de Tu Señoría, que estás situado en una posición trascendental. Por lo tanto, no son como nosotros [Prahlāda y su padre, el demonio Hiraṇyakaśipu]. Tu advenimiento en esta terrible forma es un pasatiempo que realizas para Tu propio placer. Tu encarnación siempre tiene como objetivo la protección y el progreso del universo.

Texto 7.9.14: Mi Señor Nṛsiṁhadeva, por favor, calma Tu ira ahora que mi padre, el gran demonio Hiraṇyakaśipu, ha sido matado. Incluso las personas santas se complacen cuando se mata una serpiente o un escorpión; por eso, la muerte de ese demonio ha sido una gran satisfacción para los tres mundos. Ahora están seguros de que podrán ser felices, y siempre recordarán Tu auspiciosa encarnación para liberarse del temor.

Texto 7.9.15: Mi Señor, Tú nunca eres vencido por nadie; verdaderamente, no siento temor del feroz aspecto de Tu lengua y de Tu boca, ni de Tus ojos, que brillan como el Sol, ni de Tu fruncido entrecejo. No siento miedo de Tus colmillos, afilados y puntiagudos, ni de Tu collar de intestinos, ni de Tu melena empapada en sangre, ni de Tus orejas, altas y puntiagudas. Tampoco temo Tu estruendoso rugido, que hace huir a los elefantes a lugares remotos, ni Tus uñas, destinadas a matar a Tus enemigos.

Texto 7.9.16: ¡Oh, Señor de poder insuperable, que tan bueno eres con las almas caídas!, como resultado de mis actividades, he tenido que vivir entre demonios, de modo que la condición de mi vida en el mundo material me llena de temor. ¿Cuándo llegará el momento en que me llames al refugio de Tus pies de loto, que son el objetivo supremo de la liberación de la vida condicionada?

Texto 7.9.17: ¡Oh, Señor Supremo!, ¡oh, Tú, que eres grande!, debido al contacto y la separación de circunstancias agradables y desagradables, nos vemos en una posición muy desdichada en planetas celestiales o infernales, como si ardiésemos en el fuego de la lamentación. Muchos son los remedios que pueden liberarnos de esa vida miserable, pero, en el mundo material, todos los remedios son más miserables que las miserias mismas. Por eso, creo que el único remedio es ocuparse en Tu servicio. Por favor, instrúyeme acerca de ese servicio.

Texto 7.9.18: ¡Oh, mi Señor Nṛsiṁhadeva!, si me ocupo en Tu servicio amoroso trascendental en compañía de devotos que sean almas liberadas [haṁsas], quedaré completamente libre de la contaminación debida al contacto con las tres modalidades de la naturaleza material, y podré cantar las glorias de Tu Señoría, por quien siento tanto afecto. Cantaré Tus glorias, siguiendo estrictamente los pasos del Señor Brahmā y su sucesión discipular. De ese modo, sin lugar a dudas, podré cruzar el océano de la nesciencia.

Texto 7.9.19: ¡Oh, Supremo Señor Nṛsiṁhadeva!, debido al concepto corporal de la vida, las almas corporificadas que Tú abandonas a su propia suerte no pueden hacer nada por mejorar. Todas sus soluciones, aunque temporalmente beneficiosas, en realidad son transitorias. Los padres, por ejemplo, no pueden proteger a su hijo, el médico y su medicina no pueden aliviar al paciente que sufre, y un barco en medio del océano no puede salvar al que se ahoga.

Texto 7.9.20: Mi querido Señor, en el mundo material, todos estamos sometidos a las modalidades de la naturaleza material, bajo la influencia de la bondad, la pasión y la ignorancia. Todos, desde la personalidad más eminente, el Señor Brahmā, hasta la diminuta hormiga, actuamos bajo la influencia de esas modalidades. Por lo tanto, en el mundo material todos estamos bajo la influencia de Tu energía. Tanto la causa que nos hace actuar, como el lugar y el momento de la acción, el objeto que nos lleva a actuar, el objetivo que hemos considerado supremo en la vida, y el proceso para alcanzar ese objetivo, no son más que manifestaciones de Tu energía. En verdad, la energía y la fuente de energía son idénticos; por lo tanto, todo ello son manifestaciones de Tu persona.

Texto 7.9.21: ¡Oh, Señor!, ¡oh, supremo eterno!, con la expansión de Tu porción plenaria, y por intermedio de Tu energía externa, agitada por el tiempo, has creado los cuerpos sutiles de las entidades vivientes. De ese modo, la mente atrapa a la entidad viviente en una ilimitada diversidad de deseos que debe satisfacer conforme a las indicaciones védicas de karma-kāṇḍa [actividad fruitiva] y con los dieciséis elementos. ¿Quién puede liberarse de ese enredo a excepción de aquel que se ha refugiado en Tus pies de loto?

Texto 7.9.22: Mi querido Señor, que eres grande y supremo, Tú has creado este mundo material compuesto de dieciséis elementos, pero eres trascendental a sus cualidades materiales. En otras palabras, esas cualidades materiales están completamente bajo Tu control, y Tú nunca caes bajo su influencia. Por eso, el factor tiempo es una representación de Tu persona. Mi Señor, ¡oh, Supremo!, nadie puede conquistarte. Sin embargo, en lo que a mí respecta, estoy siendo aplastado por la rueda del tiempo; por ello, me entrego completamente a Ti. Ahora, por favor, acógeme al amparo de Tus pies de loto.

Texto 7.9.23: Mi querido Señor, la gente, por lo general, desea elevarse a los sistemas planetarios superiores para gozar de una larga vida de opulencias y disfrute; yo, sin embargo, ya he visto todo eso en las actividades de mi padre. Cuando estaba iracundo y soltaba sus sarcásticas carcajadas, los semidioses quedaban derrotados con solo ver los movimientos de sus cejas. Sin embargo, Tú has vencido a mi padre en un momento, a pesar de todo su poder.

Texto 7.9.24: Mi querido Señor, ahora poseo una experiencia completa acerca de la opulencia mundana, el poder místico, la longevidad y otros placeres materiales de que disfrutan todas las entidades vivientes, desde el Señor Brahmā hasta la hormiga. Todo eso lo destruyes Tú en Tu poderosa forma del tiempo. Por lo tanto, y gracias a mi experiencia, no deseo poseer nada de eso. Mi querido Señor, Te pido que me pongas en contacto con Tu devoto puro y me permitas servirle como un sirviente sincero.

Texto 7.9.25: En el mundo material, toda entidad viviente aspira a una cierta felicidad, que es como un espejismo en el desierto. ¿Dónde hay agua en el desierto?, o, en otras palabras, ¿dónde hay felicidad en el mundo material? En cuanto al cuerpo, ¿de qué sirve? No es más que una fuente de enfermedades. Los supuestos filósofos, científicos y políticos lo saben muy bien, pero, aun así, aspiran a una felicidad temporal. La felicidad es muy difícil de obtener, pero como no pueden controlar sus sentidos, corren tras esa supuesta felicidad del mundo material y nunca llegan a la conclusión correcta.

Texto 7.9.26: ¡Oh, mi Señor!, ¡oh, Supremo!, ¿cuál es mi posición, si he nacido en una familia en la que imperan las infernales cualidades materiales de la pasión y la ignorancia? ¿Y qué puede decirse de Tu misericordia sin causa, que jamás le fue ofrecida ni siquiera al Señor Brahmā, al Señor Śiva o a Lakṣmī, la diosa de la fortuna? Tú nunca pusiste Tu mano de loto sobre sus cabezas, pero la has puesto sobre la mía.

Texto 7.9.27: A diferencia de las entidades vivientes comunes, mi Señor, Tú no distingues entre amigos y enemigos, entre favorables y desfavorables, pues en Ti no existen los conceptos de superior e inferior. Aun así, Tú ofreces Tus bendiciones conforme al nivel del servicio que se Te ofrece, del mismo modo que un árbol de deseos ofrece sus frutos conforme a los deseos de la persona, y no distingue entre superiores e inferiores.

Texto 7.9.28: Mi querido Señor, ¡oh, Suprema Personalidad de Dios!, por haberme relacionado con los deseos materiales, que se sucedían uno tras otro, poco a poco me fui hundiendo en un pozo oculto lleno de serpientes, siguiendo los pasos de la gente. Sin embargo, Tu sirviente Nārada Muni tuvo la bondad de aceptarme como discípulo y me enseñó la manera de alcanzar esta posición trascendental. Mi primer deber, por lo tanto, es servirle. ¿Cómo podría yo abandonar su servicio?

Texto 7.9.29: Mi Señor, ¡oh, reserva ilimitada de cualidades trascendentales!, Tú has matado a mi padre, Hiraṇyakaśipu, y me has salvado de su espada. Él, lleno de ira, dijo: «Si existe algún controlador supremo aparte de mí, que venga a salvarte, porque ahora mismo voy a cortarte la cabeza». Por eso, pienso que Tú, tanto al salvarme a mí como al matarle a él, has actuado solo para demostrar la verdad de las palabras de Tu devoto. No hay ninguna otra razón.

Texto 7.9.30: Mi querido Señor, Tú Te manifiestas como la totalidad de la manifestación cósmica, pues existías antes de la creación, existes después de la aniquilación y eres el sustentador desde el principio hasta el fin. Todo ello lo lleva a cabo Tu energía externa mediante las acciones y reacciones de las tres modalidades de la naturaleza material. Por lo tanto, todo lo que existe, tanto externa como internamente, eres solamente Tú.

Texto 7.9.31: Mi querido Señor, ¡oh, Suprema Personalidad de Dios!, Tú eres la causa de toda la creación cósmica, y la manifestación cósmica es un efecto de Tu energía. En realidad, aunque el cosmos eres simplemente Tú, Tú Te mantienes aparte de él. El concepto de «mío» y «tuyo» es ciertamente un tipo de ilusión [māyā], ya que todo es una emanación de Ti, y, por lo tanto, no es diferente de Ti. En verdad, la manifestación cósmica no es diferente de Ti, y Tú eres también la causa de la aniquilación. Esa relación entre Tu Señoría y el cosmos se ilustra con el ejemplo de la semilla y el árbol, o la causa sutil y la manifestación densa.

Texto 7.9.32: ¡Oh, mi Señor!, ¡oh, Suprema Personalidad de Dios!, después de la aniquilación, la energía creativa se repliega en Ti, que pareces dormir con los ojos semicerrados. Pero, en realidad, Tú no duermes como un ser humano corriente, pues siempre estás en un estado trascendental, más allá de la creación del mundo material, y siempre sientes bienaventuranza trascendental. Así, en Tu forma de Kāraṇodakaśāyī Viṣṇu, permaneces en Tu posición trascendental, sin contacto con los objetos materiales. Aunque pareces dormir, ese sueño es distinto del sueño producto de la ignorancia.

Texto 7.9.33: Esta manifestación cósmica, el mundo material, es también Tu cuerpo. El conjunto de esta masa de materia es agitado por Tu poderosa energía kāla-śakti, y de ese modo se manifiestan las tres modalidades de la naturaleza material. Tú despiertas en el lecho de Śeṣa, Ananta, y de Tu ombligo se genera una pequeña semilla trascendental. De esa semilla se manifiesta la flor de loto del gigantesco universo, del mismo modo que un árbol de los banianos crece a partir de una pequeña semilla.

Texto 7.9.34: De esa gran flor de loto se generó Brahmā, pero Brahmā, ciertamente, no podía ver nada más que ese loto. Por eso, pensando que Tú estabas fuera, el Señor Brahmā se sumergió en el agua, y durante cien años trató de encontrar el origen del loto. Sin embargo, no pudo hallar rastro alguno de Ti, pues, cuando una semilla fructifica, la semilla original deja de ser visible.

Texto 7.9.35: El Señor Brahmā, que es famoso por ser ātma-yoni, ya que nació sin madre, estaba completamente maravillado. Fue así como se refugió en la flor de loto y se sometió a rigurosas austeridades durante muchos cientos de años; cuando estuvo purificado, pudo ver a la causa de todas las causas, la Suprema Personalidad de Dios, que Se difundía por su propio cuerpo y sus sentidos, del mismo modo que el aroma, que se puede percibir en la tierra a pesar de que es muy sutil.

Texto 7.9.36: El Señor Brahmā pudo ver entonces que Tú posees miles y miles de caras, pies, cabezas, manos, muslos, narices, oídos y ojos. Tú estabas muy bien vestido, adornado y engalanado con toda clase de alhajas y armas. Al verte en la forma del Señor Viṣṇu, con Tus características y Tu forma trascendentales, con Tus piernas que se extendían desde los planetas inferiores, el Señor Brahmā se llenó de bienaventuranza trascendental.

Texto 7.9.37: Mi querido Señor, cuando apareciste en Tu forma con cabeza de caballo, Hayagrīva, mataste a dos demonios llamados Madhu y Kaiṭabha, que estaban completamente dominados por las modalidades de la pasión y la ignorancia. Entonces entregaste el conocimiento védico al Señor Brahmā. Por esa razón, todos los grandes santos admiten que Tus formas son trascendentales, sin el menor rastro de cualidades materiales.

Texto 7.9.38: De ese modo, mi Señor, Tú apareces en diversas encarnaciones, con la forma de un ser humano, un animal, un gran santo, un semidiós, un pez o una tortuga, manteniendo con ello toda la creación en distintos sistemas planetarios y acabando con los principios demoníacos. Tú, ¡oh, mi Señor!, proteges los principios de la religión propios de cada era. Sin embargo, en la era de Kali Tú no proclamas ser la Suprema Personalidad de Dios, y por ello se Te conoce con el nombre de Triyuga, el Señor que adviene en tres yugas.

Texto 7.9.39: Mi querido Señor de los planetas Vaikuṇṭhas, en los que no existe la ansiedad, mi mente, demasiado pecaminosa y rebosante de deseos de disfrute, a veces se encuentra falsamente feliz, y, otras veces, falsamente afligida. Mi mente está llena de lamentación y temor, siempre en busca de más y más dinero. De ese modo, ahora está muy contaminada y nunca se satisface con los temas que tratan de Ti. Por ello soy muy caído y mísero. Viviendo en semejante condición, ¿qué puedo decir de Tus actividades?

Texto 7.9.40: Mi querido Señor, ¡oh, infalible!, mi posición es como la de una persona con muchas esposas, todas empeñadas en atraerle a su propia manera. Por ejemplo, la lengua siente atracción por los platos sabrosos, los genitales por la relación sexual con mujeres atractivas, y el sentido del tacto por el contacto con cosas suaves. El estómago quiere comer más, aunque esté lleno, y el oído nunca trata de escuchar acerca de Ti, sino que suele sentirse atraído por las canciones de moda. Por su parte, el sentido del olfato se deja llevar en otra dirección, los inquietos ojos sienten atracción por las escenas de complacencia sensorial, y los sentidos activos también se ven atraídos por otros objetos. Así pues, me encuentro en una situación verdaderamente embarazosa.

Texto 7.9.41: Mi querido Señor, Tú Te encuentras siempre en una posición trascendental a la otra orilla del río de la muerte, pero nosotros, debido a las reacciones de nuestras propias actividades, estamos sufriendo en esta orilla. En verdad, hemos caído en este río, donde sufrimos reiteradamente los tormentos del nacimiento y la muerte y comemos cosas horribles. Ahora, por favor, vuelve Tus ojos hacia nosotros —no solo hacia mí, sino hacia todas las personas que sufren— y, por Tu compasión y Tu misericordia sin causa, libéranos y manténnos.

Texto 7.9.42: ¡Oh, mi Señor!, ¡oh, Suprema Personalidad de Dios, maestro espiritual original del mundo entero!, para Ti, que diriges los asuntos del universo, liberar a las almas caídas que se ocupan en Tu servicio devocional no supone la menor dificultad. Tú eres el amigo de la sufriente humanidad, y las grandes personalidades tienen el deber de mostrarse misericordiosas con los necios. Por eso creo que vas a mostrar Tu misericordia sin causa a las personas comos nosotros, que nos ocupamos en Tu servicio.

Texto 7.9.43: ¡Oh, joya entre las grandes personalidades!, no siento el menor temor de la existencia material, pues allí donde me encuentre estoy completamente absorto en pensar en Tus glorias y actividades. Mi única preocupación son los necios y sinvergüenzas que elaboran complicados planes para alcanzar la felicidad material y mantener a sus familias, sociedades y países. Me preocupan porque siento amor por ellos.

Texto 7.9.44: Mi querido Señor Nṛsiṁhadeva, veo que, ciertamente, hay muchas personas santas, pero su único interés es su propia salvación. Sin preocuparse de las grandes ciudades y pueblos, se retiran a los Himālayas o al bosque y hacen votos de silencio [maunavrata] para meditar. No tienen interés en salvar a los demás. Yo, por mi parte, no deseo liberarme solo, dejando aquí a todos estos pobres necios y sinvergüenzas. Sé que sin conciencia de Kṛṣṇa, sin refugiarse en Tus pies de loto, no se puede ser feliz. Por esto deseo llevarles de nuevo al refugio de Tus pies de loto.

Texto 7.9.45: La vida sexual se compara al acto de frotarse las manos para aliviar un picor. Los gṛhamedhis, los falsos gṛhasthas carentes de conocimiento espiritual, creen que ese picor es el grado más alto de felicidad posible, aunque en realidad no es más que una fuente de aflicción. Los kṛpaṇas, los necios que son lo opuesto de los brāhmaṇas, se entregan una y otra vez al disfrute de los sentidos sin alcanzar la satisfacción. Sin embargo, los que son dhīras, los que son sobrios y pueden tolerar ese picor, no están sujetos a los sufrimientos de los necios y sinvergüenzas.

Texto 7.9.46: ¡Oh, Suprema Personalidad de Dios!, en la senda de la liberación hay diez métodos prescritos: permanecer en silencio, sin hablar con nadie, observar votos, acumular toda clase de conocimientos védicos, someterse a austeridades, estudiar los Vedas y otros textos védicos, cumplir los deberes del varṇāśrama-dharma, explicar los śāstras, permanecer en un lugar solitario, cantar mantras en silencio, y absorberse en trance. Para aquellos que no han dominado sus sentidos, estos métodos de liberación generalmente no pasan de ser una práctica profesional y una forma de ganarse el sustento. A esas personas, debido a su orgullo falso, puede que esos procedimientos no las conduzcan al éxito.

Texto 7.9.47: Mediante el conocimiento védico autorizado se puede ver que las formas de causa y efecto presentes en la manifestación cósmica pertenecen a la Suprema Personalidad de Dios, pues la manifestación cósmica es Su energía. Tanto la causa como el efecto son simplemente energías del Señor. Por lo tanto, ¡oh, mi Señor!, del mismo modo que un sabio considera la causa y el efecto y puede detectar la presencia del fuego en la madera, aquellos que se ocupan en el servicio devocional entienden que Tú eres a la vez la causa y el efecto.

Texto 7.9.48: ¡Oh, Señor Supremo!, Tú eres en verdad el aire, la tierra, el fuego, el cielo y el agua. Tú eres los objetos de la percepción de los sentidos, los aires vitales, los cinco sentidos, la mente, la conciencia y el ego falso. En verdad, Tú lo eres todo, lo denso y lo sutil. Los elementos materiales y todo lo que pueda expresarse, sea con palabras o con la mente, no son otra cosa que Tú.

Texto 7.9.49: Ni las tres modalidades de la naturaleza material [sattva-guṇa, rajo-guṇa y tamoguṇa], ni sus respectivas deidades regentes, ni los cinco elementos densos, ni la mente, ni los semidioses ni los seres humanos pueden entender a Tu Señoría, pues todos ellos están sujetos al nacimiento y a la aniquilación. Teniendo esto en cuenta, las personas espiritualmente avanzadas se dedican al servicio devocional. Esos sabios casi ni se molestan en estudiar los Vedas. En cambio, se ocupan en servicio devocional práctico.

Texto 7.9.50: Por lo tanto, ¡oh, Suprema Personalidad de Dios, que eres la mejor de las personas dignas de nuestras oraciones!, Te ofrezco mis respetuosas reverencias, pues sin ofrecerte seis clases de servicio devocional, por medio de oraciones, dedicándote todos los resultados de las actividades, adorándote, trabajando para Ti, recordando siempre Tus pies de loto y escuchando Tus glorias, ¿quién puede obtener el destino de los paramahaṁsas?

Texto 7.9.51: El gran santo Nārada dijo: Con estas oraciones, ofrecidas desde el plano trascendental, el devoto Prahlāda Mahārāja apaciguó al Señor Nṛsiṁhadeva. El Señor calmó Su ira, y, mostrándose muy bondadoso con Prahlāda, que estaba postrado y Le ofrecía reverencias, habló de la siguiente manera.

Texto 7.9.52: La Suprema Personalidad de Dios dijo: Mi querido Prahlāda, eres muy noble, la joya de la familia de los asuras, y te deseo toda buena fortuna. Estoy muy complacido contigo. Cumplir los deseos de todos los seres vivos es Mi pasatiempo; por lo tanto puedes pedirme la bendición que desees.

Texto 7.9.53: Mi querido Prahlāda, que vivas una larga vida. Quien no Me haya complacido, no podrá percibirme ni comprenderme, pero el que Me haya visto o complacido no tendrá que lamentarse nunca más por su propia satisfacción.

Texto 7.9.54: Mi querido Prahlāda, eres muy afortunado. Por favor, déjame decirte que las personas que son muy sabias y elevadas cultivan las melosidades más diversas para tratar de complacerme, pues Yo soy la única persona que puede satisfacer los deseos de todos.

Texto 7.9.55: Nārada Muni dijo: Prahlāda Mahārāja era la joya de la familia de los asuras, que siempre aspiran a la felicidad material. Sin embargo, a pesar de que la Suprema Personalidad de Dios le tentó ofreciéndole toda clase de bendiciones de felicidad material, Prahlāda, debido a la pureza de su conciencia de Kṛṣṇa, no quiso aceptar ningún beneficio material de complacencia de los sentidos.